El apartamento. Ser auténtico tiene precio…
Otro clásico de Billy Wilder con un ritmo desigual como ocurrÃa en Con faldas y a lo loco, empieza con una crÃtica pausada al sistema absurdo e inhumano de las grandes multinacionales, escenario que se va animando, para terminar hilando una tierna historia de amor.
La vida vacÃa de un empleado de seguros sin futuro se va complicando poco a poco gracias al servicio que da cediendo su apartamento a parejas clandestinas de la oficina. Es un pobre diablo de buen corazón que de este modo consigue ascender en la empresa, con su negocio encubierto se van desenmarañando -no sin cierta sorna- las relaciones entre las empleadas y los directivos, ingenuas ellas e insensatos ellos, quedando al descubierto el modo de pensar tan opuesto de las mujeres y los hombres.
Por lo que se ve la vida se divide en vÃctimas y aprovechados, Jack Lemmon encarna al soltero con un hogar inexistente, vÃctima de una estructura empresarial absurda y Shirley MacLaine a la ascensorista cándida que se enamora del directivo mujeriego que en el fondo no tiene ninguna consideración hacia ella. Uno irá dando tumbos dignamente para salir adelante en un mundo sin escrúpulos que sólo favorece a los interesados, hasta que decida plantar cara a la prepotencia de sus jefes.

Ella abrirá los ojos gracias al cariño y al buen fondo del soltero fracasado, asumiendo la cruda realidad de las relaciones de pareja para elegir a la persona adecuada que no le haga sufrir. Se trata de una denuncia a la frivolidad del mundo, que pasa por encima de los valores  fundamentales, provocando que se pierdan por el camino oportunidades para vivir una verdadera
historia de amor, como la que aparece en esta pelÃcula ganadora de cinco Óscars…


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Äcida y agria a la vez. Como la mayorÃa de las de Willer. Siempre pensé que no era un papel para Jack Lemon, pero el hombre lo borda.