Recuerdos de una estrella. Buscando la felicidad…
PelÃcula con una técnica similar a “Desmontando a Harry” pero mucho más impredecible e ilógica. Se mezclan el teatro dentro del teatro, la realidad, sus reflexiones más o menos verosÃmiles y un mundo onÃrico.
Con ocasión de un homenaje a directores consagrados Sandy Bates -Woody Allen- recuerda su pasado y se plantea el sentido de su obra y de su propia vida. Parodia continua de las neurosis de sus aficionados y del precio del éxito, efectos cómicos que descargan el peso de la profundidad de sus recuerdos y de sus reflexiones vitales existencialistas.
Se trata de una caricatura de su propia vida como director, en la vida real. Parece que el público y el mismo mundo del cine dan a sus pelÃculas una dimensión que no tienen y que él quiere desmitificar, en el evento de cine cultural le preguntan “¿Qué pretendÃa exactamente con esta escena?” “PretendÃa hacer gracia, nada más” también cuestiona lo absurdo de sobrevalorar el existencialismo “Hice un curso de filosofÃa existencial, en el examen dejé en blanco todas las preguntas y me dieron un sobresaliente”
La comicidad de sus primeros tiempos ha ido derivando en realismo excesivo y existencialismo que según sus asesores no es del agrado del público que quiere evadirse y divertirse. Quieren cambiarle el final a su última pelÃcula, en lugar de un vertedero sobrevolado por gaviotas poner una banda de jazz tocando en el cielo. Ahora en su madurez ve el sufrimiento del mundo, sin embargo en uno de esos momentos onÃricos los marcianos le recomiendan que si quiere ayudar al mundo mejore sus chistes y se dedique a lo que sabe hacer. Él cree que no tiene ningún mérito, que su éxito se debe simplemente a la suerte, un tipo cómico en el barrio de Brooklyn que se hubiera muerto de pena en Polonia.  Â

En el plano amoroso saca a relucir los conflictos personales que le crean las mujeres, se siente atraÃdo por mujeres inseguras y trágicas con las que la relación acaba fracasando, no obstante cuando encuentra una mujer estable con la que la relación termina asentándose, pierde el interés o siente pánico al compromiso. Es recurrente también el tema de la falta de autoestima en las principales actrices, lo que impide su evolución artÃstica y que la relación con el director funcione, llegando a la autodestrucción cuando lo tienen todo para ser felices.
Por supuesto una vez más hace alusión a su condición de judÃo “Están locos por usted en Israel” “Siempre llevo una pistola en el coche, es por si me persiguen los nazis, una paranoia mÃa”
En un momento dado está soñando que repentinamente ha fallecido y siente el pudor de que hablen de él después de muerto, y se valoren rasgos de su persona que no son reales. Es la incomodidad de sentirse expuesto, siempre en boca de todos. Como una voz en off va desdiciendo lo que cuentan de él “cambiarÃa ese Óscar por un segundo de vida” y saca la conclusión, como en otros de sus filmes, de que por encima de todo lo importante es valorar y disfrutar la vida, dejarse de teorÃas y de artes que cuestionan las cosas. ”Cuando uno se está muriendo la vida se hace más deseable” “un domingo de primavera puse un disco de Louis Amstrong, miré a Dorrie que estaba hojeando una revista, estaba guapÃsima mientras me miraba, me sentà feliz” “Nunca pensé que un simple momento de armonÃa me emocionara tan profundamente”, se pasa toda la pelÃcula recordando sus momentos de felicidad con Dorrie barajados con sus temores, sus ensoñaciones y sus crisis personales.
Tal vez su mensaje final sea el mismo de Jorge Luis Borges, la felicidad en la vida simplemente son los momentos, los felices momentos.
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