Un final made in Hollywood. Viva el cine independiente…
Con toda la intención ni se preocupa de cerrar la película en esta crítica feroz a Hollywood y a California. En la ciudad que nunca duerme es donde está el talento, “lleva las calles de Nueva York en las venas” afirma la ex mujer de un director ex famoso -Allen- al que quieren encargar la película. Le reclama ahora después de dejarle por el productor más influyente de Hollywood. Para su sorpresa su ex mujer intenta convencer al productor, su marido actual, de que su ex marido es el hombre que buscan. Él no sabe cómo manejar la situación, está muy resentido con su mujer -y lo demuestra de manera peculiar- por dejarle por el todopoderoso dueño de “Galaxie pictures” , no obstante necesita relanzar su carrera en declive. Le duele que ella se haya incorporado al bienvivir californiano y haya abandonado una ciudad llena de cultura y vitalidad. Al final acepta y exige todo tipo de excentricidades que le son concedidas tras varios tiras y aflojas. Consigue con más dificultad y no menos mérito meter en el reparto a su actual joven novia aspirante a actriz que no tiene talento, ni cabeza. Para más inri empieza el rodaje y se cuela por ahí una peligrosa periodista sensacionalista.
Desde el principio un hecho insólito cambiará el curso de la película. Contrae inexplicablemente una ceguera psicosomática que sólo comunicará a su agente para que le haga de guía los primeros días de rodaje. Pero las estrictas reglas no permiten al agente pulular pegado al director, con lo que se las apañan para explicarle el problema al traductor de chino que han tenido que contratar porque el operador es oriundo de China. Éste exige el despido del traductor porque dice -en chino y puede que en arameo- que la película no tiene ni pies ni cabeza, que nunca ha visto cosa igual y que todo debe de ser culpa del traductor. Al final tienen que contar con su ex mujer porque es otra figura que tiene fácil acceso al rodaje. Entretanto el director va saliendo de un atolladero tras otro, precipitándose desde un escenario de tres metros entre otras cosas.
El único remedio es hacer caso al psicoanalista que cree que la ceguera es debida a un bloqueo mental porque el guión de la película le recuerda la mala relación que tiene con su hijo, un punky que come ratas en los conciertos.
De rodaje en rodaje se van sorteando las situaciones entre los que saben el secreto, creándose nuevos lazos, especialmente entre él y su ex mujer. El productor insiste en ver el borrador o copión de la película a pesar de que intentan impedirlo por todos los medios. Se queda estupefacto al ver a escondidas el resultado. Pone a su mujer entre las cuerdas y al final lo confiesa todo. Le pregunta si todavía siente algo por su ex marido y ella lo confirma.
Al final le dejan con el pastel y se marchan juntos a París porque están seguros de que en Europa sabrán apreciar su arte…
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